Tour silletero Ryuhikai en Santa Elena, feria de las flores de Medellín

Fotografía: Ryuhikai

Cuando pasa un silletero, es antioquia la que pasa

Con este slogan nos recibe el corregimiento de Santa Elena, en el oriente de la ciudad de Medellín. Esta zona montañosa y llena de campos y cultivos de todo tipo de productos, especialmente flores; conserva en su historia, una tradición de más de 60 años que es motivo de fiesta en la capital del departamento de Antioquia, “La Feria de las Flores”

Durante una semana, en los días previos al 7 de agosto, la capital antioqueña se viste de fiesta, eventos, conciertos, comidas típicas, propios y foraneos recorriendo las calles y las fincas silleteras, disfrutando de las actividades creadas para reconocer la labor de los campesinos.

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Fotografía: Ryuhikai

Ryuhikai no se quería quedar atrás con las celebraciones y organizamos un pequeño tour con algunos amigos japoneses que visitan por estos días la ciudad; nuestro deseo era, no solo disfrutar la experiencia de visitar una finca silletera, sino también, mostrarle a los japoneses, una de nuestras tradiciones más emblemáticas; armar una silleta con ellos, disfrutar de la comida típica de nuestra región y dar inicio con pie derecho a las fiestas de esta época.

Nuestro recorrido comenzó muy temprano al encontrarnos en el Metro de Medellín y dirigirnos en tranvía hasta la estación Pabellón del Agua, que en sus cercanías dispone de los paraderos de buses para viajar hasta Santa Elena.

Los buses desde Medellín hasta Santa Elena cuestan $2.500 pesos ($0.85 USD aprox.) y el trayecto se toma más o menos una hora por la antigua carretera que recorre los barrios Boston y Buenos Aires.

Como datos de interés, Santa Elena tiene una temperatura promedio de 14.5 C°, está a 17 Km de distancia desde Medellín y a una altura entre los 2200 y 2700 metros sobre el nivel del mar.

Nuestro destino era la “Finca Silletera y Museo Abuela Sarito” ubicada en la vereda “El Mazo” justo al lado de la iglesia. Un recorrido tranquilo y a la vez divertido, rodeados por la gente del sector, vendedores de dulces y sombreros; y al final, nuestra llegada a un lugar ambientado de la forma más típica posible, tranquilo, con un aire muy fresco, sol radiante y muchas flores.

Fotografía: Ryuhikai

Nos recibieron don Guillermo y don Carlos, un par de hermanos herederos de la tradición silletera; don Guillermo ha sido exponente de silletas durante toda su vida y ha obtenido una gran cantidad de premios con sus trabajos con las silletas tradicionales, monumentales y emblemáticas, en la casona dentro de la finca, exhibe algunos de sus reconocimientos, fotografías y libros donde mencionan su trabajo.

La primera invitación de don Guillermo, fue para escuchar un poco de historia, nos contaba como sus padres y abuelos han hecho parte de esta tradición; como fueron sus inicios, muchos desconocían que las silletas originalmente se utilizaban para transportar personas y con el paso del tiempo y en cuanto quedó atrás la esclavitud, empezaron a usarse para transporte de objetos y como es el caso de los habitantes de Santa Elena, para el transporte de flores, mercancía y herramientas.

Fotografía: Ryuhikai

Hoy en día la silleta es símbolo del sector y es reconocida por el estado como uno de los iconos de la tradición antioqueña.

Aunque nuestros amigos japoneses entendieron poco las explicaciones de don Guillermo, la parte más interesante del tour llegó cuando tuvimos la oportunidad de construir una silleta tradicional entre todos, fue muy divertido ver a los japoneses creando una silleta por primera vez, en Japón es frecuente ver arreglos florales “Ikebana” caracterizados por su sutileza y delicadeza; queríamos saber que pensaría un japonés al cambiar la forma de ver un arreglo floral, ya que las silletas son exuberantes, cargadas de color y flores de muchas variedades, para nosotros es común decorar con muchas flores, mientras que en Japón basta con una o dos.

Fotografía: Ryuhikai

El resultado estuvo bastante bien para ser la primera vez que todos hacíamos una silleta usando la técnica original. Luego vendría una parte del tour muy emocionante, especialmente para las chicas, quienes corrieron a vestirse con la ropa típica de las campesinas y se alzaron en sus espaldas la silleta para posar ante las cámaras. Los hombres no se quedaron atrás, usando sombrero, poncho y carriel. Al final tenemos unos recuerdos muy bonitos en fotografía, de este momento en particular.

Fotografía: Ryuhikai

Pero ningún recorrido por tierras campesinas estaría completo sin saborear la exquisita sazón de las matronas en sus cocinas de leña y carbón. Tamal de maíz y caldo de gallina nos disfrutamos algunos; Sancocho de costilla con arroz y aguacate saborearon otros. Los japoneses esperaban las indicaciones, yo simplemente dije “Itadakimasu” y todos corrieron a abrir las hojas de biao, en principio preguntaban que era esa extraña tortilla, uno de los japoneses dijo ¿Tamago yaki ka? (¿Es una tortilla de huevo?) al tiempo una de las chicas dijo: “¡Es una empanada!” los japoneses no sabían exactamente que tenían sobre los platos de madera, cuando abrimos por la mitad uno de los tamales, todos dijeron “Woooow” y empezaron a comer.

Fotografía: Ryuhikai

El silencio en la mesa lo decía todo, estaba tan delicioso que nadie se inmutaba, cada quien estaba plenamente concentrado en su plato;, hasta el guandolo fue tema de conversación, pues muchos pensaban que era el típico guarapo de caña de azúcar, se sorprendieron al aprender que la diferencia entre ellos es que el primero está hecho en agua de panela, una refrescante bebida con limón tan tradicional como el lugar que visitábamos.

Fotografía: Ryuhikai

Después del almuerzo, finalizamos nuestro recorrido por la casa museo, todo el lugar había sido pensado como un almacén de trebejos, nos decía don Carlos, que cuando su hermano empezó a reunir objetos viejos, todos en la familia le decían que estaba loco. Han pasado años reuniendo maquinas viejas para moler maíz, licuadoras manuales, olletas de latón, televisores y radios, máquinas de coser, linternas de aceite y hasta una sorprendente maquina hiladora para tejer costales.

Fotografía: Ryuhikai

Todos los elementos allí reunidos contaban una historia, todos nos recordaban a nuestros abuelos y sus casonas viejas llenas de “checheres” como decían nuestras madres, basura para algunos quizá, pero para don Guillermo, el tesoro más grande que le recuerda su herencia familiar y sus orígenes; por un par de horas, nosotros nos sentimos parte de esa herencia, por instantes fuimos transportados a esa época donde se caminaba por el monte a la luz de las velas, donde la comunicación entre los vecinos requería de una visita después de varias horas de camino y era importante un tinto (Café hervido en olleta italiana). Pensar en celulares o cámaras fotográficas era como pensar en las lecturas de Julio Verne, para estos hombres que han sobrevivido el desarrollo de nuestra ciudad, sus trebejos son la única forma de conectarse con su pasado, decía don Carlos, que vivimos en épocas de “Regresión” todo lo viejo vuelve a estar de moda, pero realmente quería enseñarnos, que vale la pena pensar en cómo nuestros antepasados vivían felices sin tanta tecnología, sin el afán del presente, nos invitaba a reconocer una vida hermosa cargada del encanto de lo simple y del color de las flores que adornan las silletas, esas que engalanarán las calles de nuestra ciudad durante el Desfile de Silleteros.

Compartimos el enlace a la galería de fotos en nuestra FanPage, un tour espectacular, si tienes la oportunidad de ir, seguramente lo disfrutarás tanto como nosotros.

Fotografía: Ryuhikai

 

Fotografías:

Vanessa Lopez
Leslye Carolina Galindo
Victor Hugo Zapata

Autor entrada: Masaru

Fundador y director de RyûHiKai Corporación Cultural. Gestor y mediador cultural Colombia - Japón; apasionado por la cultura de Japón, sus tradiciones y manifestaciones contemporáneas, coleccionista de figuras de personajes de Anime y Manga, fanático del anime, el manga, el rock y el pop japonés. Autor, editor y administrador de RyuHiKai.com

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