Senba tsuru: Cómo convertir el papel en magia

Fotografía tomada de: http://www.biltmorebeacon.com/events/flat-rock-playhouse-present-thousands-cranes/

“Creo que el papel, o cualquier cosa, se pueden convertir en magia”,
David Suárez, miembro de Ryuhikai, comparte en este capítulo de sus historias
las experiencias con la figura de Grulla de Origami, o Tsuru (
鶴),
símbolo de la paz y del esfuerzo por recuperarse de las secuelas del conflicto.
Acompáñennos en una travesía más allá del tiempo y la distancia.

“Muchas personas no saben siquiera qué es una grulla o dónde queda Japón, mucho menos se imaginaban la historia de una niña que hacía palomas de papel para enfrentar su enfermedad, y que se volvería un símbolo para no volver a caer en la guerra y pensar en la construcción de la paz.”

“Veo la cultura como la lógica detrás de nuestras acciones cotidianas, seamos conscientes de ella o no. Esto me sorprende profundamente, puesto que las acciones más pequeñas resultan tener en ocasiones un efecto impresionante.”

“De la misma cultura japonesa he aprendido a dejarme fluir a través del asombro, así como imagino que toda una nación se conmovió por la historia de mil grullas de papel. Yo personalmente, testigo de otras tragedias a lo largo de la distancia y el  tiempo, pido paz.”

Mi trabajo de todos los días no tiene que ver necesariamente con la cultura japonesa. De hecho, a algunos compañeros de trabajo les parece extraño (y curioso) que haga “palomitas de papel que mueven las alas” con cualquier pedazo de papel que me llame la atención; lo que puede parecer un hobby, o hasta un juego de niños. Aún más se sienten maravillados cuando les cuento que ésas “palomitas”, o “grullas”, o como sea que se llamen, tienen una historia. Mi trabajo normal resultó tocado por esas mismas palomitas de papel, cuya significación me movería el corazón de una manera que no esperaba.

Cuando por primera vez practiqué el Origami, simplemente lo vi como una práctica para entretener mis manos y mi cerebro de niño. Sigo haciéndolo aún ahora, más en mis actividades actuales con Ryuhikai, y apoyándome en este arte para trabajar con niños, adultos, ancianos, mostrando (y aprendiendo) percepciones nuevas de la vida. Muchas personas no saben siquiera qué es una grulla o dónde queda Japón, mucho menos se imaginaban la historia de una niña que hacía palomas de papel para enfrentar su enfermedad, y que se volvería un símbolo para no volver a caer en la guerra y pensar en la construcción de la paz.

Fotografía tomada de: http://www.rafu.com/2013/07/remembering-sadako-events-to-commemorate-hiroshimanagasaki/

Sadako Sasaki (佐々木 禎子)

fue, a la temprana edad de dos años, una Hibakusha (被爆者), una de las víctimas de la bomba atómica que explotó en la atmósfera de la ciudad de Hiroshima el 6 de agosto de 1945. No deseo profundizar aquí mismo en aquella trágica historia de la Segunda Guerra Mundial, sino deseo hacer hincapié en un fenómeno que conocí recientemente, la historia de paz de la que Sadako participa, incluso más allá de su muerte. Seguramente ella no sabía a qué punto llegarían sus esfuerzos, o quién continuaría su legado.

Fotografía tomada de: https://vimeo.com/44900266

La vida de Sadako cambió dramáticamente cuando tuvo que abandonar sus estudios y fue internada a los doce años por leucemia, gracias a la exposición a la Lluvia Negra que cayó a resultas de la bomba. Su amiga Chizuko le enseñó la leyenda de las Mil Grullas, o Senba Tsuru (千羽鶴): Doblando mil veces la figura, la legendaria grulla que vive mil años le concedería la salud. Deseando sanarse del cáncer en su sangre, usaba cualquier pedazo de papel a la mano hasta que, tristemente, tras mejoras y recaídas, falleció por la enfermedad.

Algunas versiones proponen que no terminó de doblar las mil grullas. Otras proponen que sí, y que incluso superó la marca. Yo veo ahora que su esfuerzo movilizó toda una nación a considerar éste legado como un símbolo para la paz para Japón, y que de Japón, fue reconocido por todo el mundo. La tristeza de sus allegados, y la solidaridad de las personas a lo largo del globo resultaron en el Monumento de los Niños a la Paz, encontrado en la mitad del Parque de la Paz de Hiroshima, construido en el punto de Hiroshima donde a 1700 metros de altura estallara la bomba que hizo temblar el mundo.

Parque de la paz de Hiroshima, Japón, y estatua de Sadako Sasaki – Fotografía de http://www.todayonline.com

Veo la cultura como la lógica detrás de nuestras acciones cotidianas, seamos conscientes de ella o no. Esto me sorprende profundamente, puesto que las acciones más pequeñas resultan tener en ocasiones un efecto impresionante. Quizá por eso no le he perdido la fe a hacer grullitas con cualquier papel a mi alrededor: Envoltorios de dulces, material de trabajo, tiquetes, papeles de colores, plástico de una etiqueta, hojas de todas las formas y tamaños. Aún a través de los años conservo esa amiga a quien vi supremamente preocupada y triste en una cabina del Metrocable de Medellín, a quien antes de salir a trabajar le di unas palabras de aliento con una grulla de papel. Me considero un amante de las experiencias únicas e irrepetibles.

¿Qué puedo decir? Encuentro en la figura de la grulla algo fascinante. Es fácil de aprender, es un símbolo mundialmente reconocido del Origami (Además de ser el símbolo de paz gracias a Sadako), y mueve sus alas en un diseño simple pero elegante. Con la grulla he visto la sorpresa en los ojos de las personas: En buses, en las casas y calles, con amigos, compañeros de trabajo. Pero hasta ahora, nunca las había relacionado con el momento actual, el Presente, ése tiempo tan importante para la cultura japonesa que alberga la posibilidad de acción y el instante que no se debe despreciar. Más importante, recuerdo que en éste mismo momento, se gesta un proceso de paz en mi nación, que merece nombrarse y que marca un momento histórico en la Humanidad. Un momento de todos, en que cada persona puede elegir bien sea participar, o mantenerse aparte.

No creo que se necesite la política, la historia, o la creencia en alguna religión para comprender lo inenarrable de la especie humana. Tampoco necesito ser adulto (O dejar de serlo) para maravillarme ante la inocencia y la resiliencia infantil. De la misma cultura japonesa he aprendido a dejarme fluir a través del asombro, así como imagino que toda una nación se conmovió por la historia de mil grullas de papel. Yo personalmente, testigo de otras tragedias a lo largo de la distancia y el  tiempo, pido paz. Pido paz como aquellos que gestaron una estatua de Sadako en uno de los muchos parques de la paz que ahora existen, o como aquellos que hicieron en Estados Unidos otra estatua que yace vestida de “palomitas de papel”, hechas por miembros del país que otrora liberara la bomba.

Fotografía tomada de: http://howtosenbazuru.blogspot.com.co/

No pido paz de palabras, sino pido que la nación a la que pertenezco, llamada Humanidad, abandone sus fronteras y se dedique a unirse a sí misma; Que no sean necesarias guerras o reconocimientos, a fin de que cada ser sepa que la paz se hace desde cada ser, y no viene de tierra ajena. Esa es la razón por la que comparto este artículo, y la razón por la que estudié mi carrera. Es la razón de muchas cosas que le dan sentido a mi vida.

Pero más importante que eso, lo escribí para compartir que creo que el papel, o cualquier cosa, se pueden convertir en magia, la magia de la Humanidad. Ahora mismo, en el hospital del pueblo en que trabajo, hay algunas palomitas de papel colgadas del techo, hechas por algunos de mis compañeros.

Grullas de papel hechas por compañeros de trabajo y yo – Fotografía del autor

Ahora mismo miro hacia el cielo mientras escribo, y las verdes montañas de Antioquia llenan el panorama, otrora sacudidas por la guerra. Me pregunto… ¿Habré yo doblado mil grullas hasta ahora? Quizá. Una sonrisa puebla mi rostro. Sea así o no, es el esfuerzo de cada día que habla por cada uno.

Gracias por tomarte el tiempo de leer este artículo.

Autor entrada: David Sebastian Suarez Roldan

Psicólogo enamorado del arte y la música. Entregado al trabajo por la comunidad, integra su profesión con su pasión por el arte para tocar corazones y conciencias.

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